miércoles, 22 de marzo de 2017

El punto medio de Valdemar

Cuando pasaron la mano de manera vertical por el ojo derecho del Valdemar. Justo en ese preciso instante, estaba en un punto intermedio, en la cornisa entre la vida y la muerte. Estaba en ese segundo que tienen todos los humanos antes de morirse, en el cual pueden ver los dos universos existentes: el de la vida y el de la muerte.

Hasta su caso, nadie había podido tener alguna capacidad de reflexión, solo les quedaba morir. El proceso de hipnosis lo atrapó en ese punto: Cuando esa mano pasó verticalmente sobre ojo, Valdemar se detuvo en el entreacto. Estaba detenido en ese segundo. Si su amigo hubiera llegado un segundo antes, estaría con vida y se salvaría. Un segundo después moriría, para siempre. Pero fue justo en ese segundo intermedio.

Su alma estaba encerrada. Pensó que se estaba muriendo, y así se lo manifestó a los terrícolas. No solo el alma se vio sorprendida por la hipnosis, sino también el cuerpo. Por eso tenía rasgos de vivo, como sus ojos; y rasgos de muerto, como sus piernas.

Nunca pudo comprender a ciencia cierta qué pasaba. De un lado podía ver a los terrícolas que lo visitaban todos los días a su habitación, en la otra dimensión veía a muchos seres queridos que habían partido hace muchos años, entre ellos sus padres. A los primeros los veía angustiados, tratando de buscarle una explicación a lo sucedido: Nada diferente a lo que había vivido por años -pensó- los terrícolas siempre buscaban estúpidas explicaciones de todas las situaciones. Del otro lado, veía a las personas en paz, no entendía por qué, tan solo veía en sus rostros la calma, la misma que nunca pudo encontrar en la tierra.

Por eso gritaba en la tierra que lo dejaran morir. Sabía que era momento de la calma, en la muerte solo sería uno más de ellos, y eso quería ser. En cambio, si regresaba a la tierra, sabía que su calma sería prolongada por un presente angustiante en el que tomarían su caso para analizar un montón de situaciones nuevas y exóticas del ser humano. Sintió horror.

Imaginó que después de su caso los terrícolas podrían encontrar la formula de la eternidad. Pensó en lo terrible de la situación y dio un grito que a los terrícolas se les hizo imposible describir.

Por eso, cuando siete meses después, su amigo lo intentó resucitar se deshizo. No quería regresar a la vida. Nunca se sabrá con qué facultades se deshizo. Lo cierto es que su cuerpo y su alma hoy no existen, ni en la vida, ni en la muerte.


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