miércoles, 15 de marzo de 2017

Matemáticas, su materia favorita

Tengo una sola inquietud sobre su infancia. La tarde en que su padre lo regañó porque no escribió los números enteros estrictamente ordenados en filas de cinco. Esa escena retumba en mi cabeza desde la conversación que tuve ayer con Ever en el transporte público, en un solitario bus de Sobusa.

Que después de ese suceso, matemáticas haya dejado de ser su materia favorita me cautiva. Del resto, las vivencias de la infancia de Ever me reflejan lo que es hoy. Ama ir a la playa para ver el mar, eso se lo debe a su madre sanandresana. Las fincas le agradan tan solo los dos primeros días, la explicación puede surgir de los paseos que su padre organizaba cada año a algún pueblo de la sabana para visitar familiares. El primer día era feliz: Le encantaba tocar a las vacas, montarse en los caballos y beber el agua de maíz hecha por la abuela. El segundo seguía entusiasmado. Pero al tercer día ya estaba agobiado. El agua de maíz le revolvía el estomago; los cuentos de su padre sobre su relación con los animales, que un principio le parecían interesantes, ya le fastidiaban; su olfato pasaba de estar encantado con el olor del campo, a estar disgustado con las heces de los animales.

Todo esto me parece irrelevante, lo que no dejo de pensar es que matemáticas haya sido su materia favorita. Sus padres son contadores, él odia contar, pero los ama a ellos. Como venía diciendo, el resto de su infancia la veo tan semejante a su presente. Es más, aún su familia depende del mismo negocio de comidas rápidas. Ay, las comidas rápidas donde Ever, pero no quiero referirme a la comida; sino a las tertulias que se armaban al filo de la noche y madrugada entre su padre, los empleados y los clientes del negocio. Todos con cerveza en la mano conversaban de las corralejas de los pueblos, de los artistas valleantos, de los partidos de fútbol y de otros temas no tan trascendentales.

En este último párrafo creo que cometí un error con los tiempos verbales, hablé en pasado. Pero lo cierto es que esas tertulias con cerveza en mano se presentan aún todos los fines de semanas en el negocio donde Ever. Ahí está, esta pequeña equivocación en los tiempos verbales me ha hecho plasmar mejor lo que quiero explicar de su infancia  y cómo lo veo ahora.

Hace una semana iniciamos la electiva obligatoria en Matemáticas Básicas. "Electiva obligatoria", sé que es una contradicción, pero no me lo expliquen a mí, sino a la universidad. Nunca lo había sentido tan apático, tan indiferente. En los dos años que lleva en la universidad siempre ha sido participativo en las clases, obtiene buenas calificaciones y suelen destacarlo los profesores. Sé que Ever es muy juicioso con sus labores por más intrascendentes que parezcan, pero en esta ocasión hay desajuste.

La intriga por la escena me ha llevado a conjeturar algunas posibilidades. Repasemos. Lo que buscaba el padre cuando lo regañó era que entendiera que el orden es importante. Cualquiera que haya entrado al cuarto de Ever o haya mirado su morral se tuvo que dar cuenta de que el orden lejos está de ser un pilar en su vida, por el contrario demerita el orden. Alguna vez dijo que en el orden está todo establecido, mientras que en el desorden cada búsqueda requiere un un proceso nuevo, una acción imprevista, entonces nos acercábamos más a la libertad.

Creo que estoy especulando mucho, tal vez eso ni siquiera sucedió, tan solo Ever me mintió. Suele hacerlo para pasar el rato. Recuerdo aquella vez que se inventó un narrador solo para contar su historia.

Ever




















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